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domingo, 17 de enero de 2010

Almorzando con Mr. Ben

Como el día de hoy ha sido soleado, he decidido que había que aprovecharlo. Así que con mi mapa en el bolsillo volví a Oxford Circus, esta vez con mi ruta hecha.

He andurreado por el Soho, salí a Piccadilly para buscar Abercrombie & Fitch, y después de aquello, anduve hacia Trafalgar Square. Por allí esta la National Portrait Gallery, así que me pasé a echar un vistazo. Como la exposición que más me interesaba costaba dinero, bajé a la librería, y cuando encontré el Portraits de Mario Testino, me tiré al suelo en una esquina y me lo ojeé de punta a punta.

Cuando llegué al monumento de Trafalgar, pude ver el Big Ben detrás, no muy lejos. Caminé en su dirección, sin perder de vista Westminster al fondo, y fue increíble cómo me sorprendió verlo de repente al doblar la esquina. Allí estaba, enorme y señorial, el Big Ben de Londres. Probablemente el primer monumento extranjero que conocí de pequeño después de ver tanto Mary Poppins. Entré en el Tesco (otro gran aliado aquí) que hay justo al lado y compré un bollo de pan, un donut con una pinta tremenda y unas botellitas de agua, me senté en unos polletes que hay allí y metí en el bollo mis lonchas de jamón serrano que traía perfectamente aisladas gracias a los utensilios de mamá. Y allí me puse a almorzar: con el Big Ben junto a mi, el parlamento con su bandera británica ondeando sobre Westminster, un sol espléndido y un cielo azul. Lastima no poder llevar la cámara.
Cuando terminé saqué el mapa del bolsillo (la mano me olía a Abercrombie) y dije: bueno, dónde voy ahora!

El London Eye fue lo siguiente por ver, y más escurridizo tocó después el Palacio de Buckingham. Cuando estaba viendo a los soldados de los sombreros altos hacer sus numeritos con esas armas tan grandes, oí jaleo por Green Park y me acerqué a ver qué pasaba por allí. Había mucha gente vestida con ropas oscuras, que cuando pude estar más cerca, noté que eran como de principios de siglo. Estaban aferrados a las grandes rejas negras y doradas del parque, y un hombre indicaba a los que nos acercábamos a cotillear, que nos mantuviéramos a un lado. Resulta que estaban rodando una película. The king´s Speech, y aunque solo he podido ver al director, en ella actúan Helena Bonham Carter, Colin Firth o Geoffrey Rush. Así que si vais a verla cuando salga en cines y sale el momento en que los londinenses están montados en las rejas a modo de manifestación, recordad que yo estaba allí.

Y por fín, Abercrombie

Ayer ocurrió algo muy curioso que no conté por aquí. Cuando caminaba por Regent Street y ya casi había desistido de buscar la dichosa tienda, pasó algo difícil de creer. La olí. Me paré en seco, y dejé que la muchedumbre avanzara mientras yo me concentraba y buscaba a mi alrededor. Para los que no conozcan esta firma de ropa y sus tiendas, se caracterizan por su escueta decoración exterior (en Los Ángeles pensé que era una discoteca), por su música y por su olor. Fierce, que así es como se llama su fragancia, está por toda la tienda. Podía ser posible que estuviera oliendo aquello después de un año y medio?? Como no la veía por allí, seguí caminando.

Hoy me he apuntado la calle y la he metido en mi ruta. Intenté asegurarme con el Street View de Google, pero por allí no parecía que estuviera la tienda; no había nada que destacar. Total, que cuando estaba por fin allí en persona, he dejado Piccadilly atrás, y llegando al mismo punto de ayer (donde ahora sí sabía que tenía que torcer) no cupo duda: olía a Abercrombie & Fitch.
Conforme me acercaba veía a lo lejos los toldos de Ralph Lauren o Cartier, aunque ni rastro de la que yo buscaba. Vi una cola muy larga, y recordé que creía haber visto un museo por allí. Y entonces, la encontré. A cien metros del sitio donde me quedé ayer (así es el olor!), en un edificio victoriano y con el simple nombre, que no llega a dos palmos de grande, escrito en una puerta de cristal. Allí empezaba precisamente la cola. Al parecer aún no habían abierto.

Seguí caminando hasta Old Bond Street, donde el elegante reloj de Tiffany & Co. va dando las horas, la bandera de Channel ondea al viento y las letras de Gucci brillan al sol. Allí me di un paseo antes de volver atrás. Entonces pregunté a las últimas chicas de la cola (que ya le daba la vuelta a la esquina) a qué hora abrían. Diez minutos. Allí me planté, mientras la gente se iba poniendo tras de mi. La música de dentro del edificio podía oírse desde allí. En tres minutos, la cola había crecido unos 12 metros, y cuando comenzamos a andar, no alcanzaba a ver el final.

Entré. Aquello era igual que en América. Dos chicos que parecen sacados de cualquier revista de moda te reciben en la puerta con su amplia sonrisa. Aquí sí llevan camiseta; claro, con este tiempo... Ah no, espera, que el que no lleva camiseta está dentro! Las chicas hacen nuevamente cola para hacerse una polaroid con él. Éste es guapo a rabiar. La música es genial y la luz tenue, que sale de las estanterías de madera con las prendas de ropa apiladas por colores, lo que le da también el efecto discoteca. El personal es increible; todos vestidos iguales, unos bailan en la planta superior, otros dos charlan frente a la escalera, esperando a que llegues para preguntarte qué tal...

Lástima que de momento no me pueda permitir nada de esta firma. Con las ganas que yo tengo de tener una simple bolsa! Así que después de dar vueltas y vueltas por la tienda mirándolo todo, me he ido con lo único que llega a mi bolsillo; una tarjeta de muestra del perfume.

sábado, 16 de enero de 2010

My first time in Oxford St.

Los días de ayer y hoy no han sido precisamente memorables. Encerrado en la habitación de mi hostal, he visto pasar las horas (siempre una menos de la que marca mi portátil) delante de la pantalla buscando piso y curro. Desesperante.

Así que hoy cuando anocheció (allá por las 5 de la tarde) decidí que ya era hora de tomarme un descanso, tanto si triunfaba en mi búsqueda de empleo como si no, me lo merecía. Así que me eché a la calle tan solo con mi nuevo móvil inglés (he pasado de un iPhone a un Samsung, que lo más nuevo que tiene es color), la tarjeta del metro, mi cartera (vacía, aunque me di cuenta después) y el paraguas (mi más fiel aliado desde estos días).

Suerte que estoy cerca de la Central Line del metro; Oxford Circus está a tan solo cuatro paradas de donde yo estoy. Cuando subo las escaleras y salgo a la calle, mi sonrisa fue instantánea: aquello ya se parecía más a una ciudad tan elegante como Londres. Edificios altos e iluminados, un millón de personas a mi alrededor... yo solo andaba por andar; aunque fuera en círculos! Hoy he visto tantas caras... Guapas, feas, modernas, extrañas, elegantes, entrañables...
Entré en un H&M decorado por dentro con Alicia en el país de las maravillas (como solo H&M puede representar Alicia...). Me encantaba aquella ropa, me encantaban los escaparates! Es puro consumismo todo aquello, pero también algo más. Lo más reciente que había leído sobre fotografía estaba en aquellos escaparates: Emma Watson por Mario Testino para Burberry, Eva Mendes y Jamie Dornan para Calvin Klein por Steven Klein... Primero cogí por la que había leído en el hostal que me llevaría a Picadilly Circus, sin embargo después de un gran trecho desistí; parecía que hoy no iba a ser el día de Picadilly. Es lo que tiene ir sin mapa! Me giré y me paseé por todas las demás tiendas (buscando fervientemente mi novio norteamericano Abercrombie&Fitch, algo puramente sexual) pero alucinando con las demás marcas. Entré en la tienda Mac. Creo que alguna religión lo obliga en su credo. Más tarde, de repente, el Soho, un sitio precioso, y Carnaby Street. Era como estar en un parque temático! De tiendas, claro.
Volví a salir por Regent Street y aunque quería cruzar de acera y dar media vuelta para ver por el otro lado, algo me hacía no poder parar de andar hacia delante. De repente veo que los edificios empiezan a estar extrañamente iluminados; aquello solo podía significar una cosa... Me obligué a no mirar hasta que no tuviera la visión que yo quería y había imaginado tener. Crucé la carretera (always "Look to the right") y allí estaba; pura contaminación lumínica! pero majestuosa como yo la esperaba, Piccadilly Circus. No pude evitar pensar si conseguiría pasar en esta ciudad el tiempo suficiente como para traer a alguien a visitar aquello por primera vez como yo lo estaba haciendo.

Me hubiera gustado verme la cara en todo momento. Creo que no he dejado de sonreir, y no voy a mentir, más de una y dos veces he estado a punto de soltar alguna lágrima de emoción. Estaba paseando por Londres, y todo aquello hacía que la balanza de estos últimos días se volviera a equilibrar. Ya podía volver al hostal.