Cuanto más se acerca la hora de volver a España, más agitada se va volviendo la vida aquí en Londres, y la última semana ha sido de no parar.
El finde empezó con Gonzalo, el primo de Hippie, y sus amigos. Estos españoles son expertos en correrse fiestas y desde luego no conocen fronteras. Mientras el jueves sólo fue una toma de contacto, ya que el Ministry of Sound estaba cerrado, el viernes nos corrimos la juerga por Piccadilly, en el TigerTiger. Para el recuerdo queda una simpática francesita de Toulousse, Steph, con la que hice buenas migas. El sabado, Matt nos ofrecía entrar en lista para Cafe de Paris, una importante discoteca del centro, y ya que nadie estaba libre para aprovechar esta oportunidad conmigo (ni siquiera mi nuevo amigo de Abercrombie), no dude en tomarla por mi cuenta. Allí me planté, y desde el primer momento la bebida corrió por cuenta de la casa. Al final acabé haciendo amigos.
Por cierto, que a pocos (muy pocos) metros de allí, Ashton Kutcher, Jessica Alba y otros celebraban la premiere de Valentine's Day, por donde me pasé unas horas antes.
Pero no todo han sido fiestas. Una de las cosas fascinantes de Londres son sus museos (gratis), y yo no he podido disfrutar más como en la National Gallery, con cuadros de Rembrandt, Rafael, Miguel Angel, Monet, Cezanne o Degas; o el British Museum, donde me quede literalmente con la boca abierta. Allí hay un tesoro de valor incalculable en cada sala! Los sarcófagos, momias y estatuas egipcias, esculturas griegas, el frontón del mismísimo Partenón, tal y como las estudié hace unos años... In-creible.
Por último Rob y Chiqui me han acogido en su casa una vez más en estos días antes de mi partida. Se estan portando fabulosamente, y la comodidad, las comidas estupendas y los momentos de charlas y vino reinan por la casa. Tambien cabe mencionar los Brit Music Awards, que se celebraban el martes aquí justo al lado y donde acudieron celebrities como Lady Gaga, Robbie Williams, Tom Fords, Lilly Allen... Nosotros lo vimos en directo alternando entre éstos y la serie de Chiqui de los martes.
Y así va finalizando mi viaje por Londres. En unas horas cogeré en el aeropuerto de Heathrow mi avión hacia a España, donde me espera una fiesta con los míos.
Hasta ya mismo. Arviman's going back
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jueves, 18 de febrero de 2010
miércoles, 10 de febrero de 2010
Wicked, mi primer musical
En todas las ciudades, hay cosas que son imprescindibles que hacer: en NYC debes pasear por la 5ª y comer un perrito caliente, en París, visitar algún café y comer un buen crep. En Londres, tienes que ver un musical.
Ayer, tras meditar las diferentes opciones que esta ciudad me ofrecía, opté por descubrir en primer lugar cuántas posibilidades había de que yo me pudiera permitir ver un musical. Mi inclinación? Wicked, la misma que ponían cuando estuve en Los Angeles. Chiqui y Robert me la recomendaron, y no quise negarla una segunda vez. Así que me bajé en Victoria y fui a preguntar a las taquillas. Me convenció, así que compré mi entrada.
Más tarde fui hasta la National Portrait Gallery, y disfruté con el retrato de la reina por Andy Wharhol o ese príncipe Carlos con sus hijos por el fantástico Mario Testino. La lástima fue todos los que tienen pero no pude ver por no estar expuestos ahora. Al salir, volví a casa a cenar y ducharme. No podía retrasarme: esa noche iba a mi primer musical!
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Y allí, sentado en unos asientos de primera, me contaron (y sobre todo, cantaron) una forma diferente de ver la historia de El maravilloso mago de Oz, que no era tan maravilloso, y principalmente de la bruja mala del Oeste, que no era tan mala. Nunca nos preguntamos qué razones tienen los villanos de los cuentos para ser tan villanos, y es que a veces no todo es lo que parece. Maravillosas coreografías, preciosos escenarios y unas voces... unas voces que ponen la piel de gallina.
Cuando salí del teatro con cientos de personas más, la nieve y la noche empezaban a caer sobre Londres y no podía dejar de cantar mentalmente el repertorio. Me había encantado.
domingo, 7 de febrero de 2010
Londres; o de cómo mi viaje cambió de aires
Termina una semana que ha sido clave en mi estancia en Londres. A pesar de las ganas y el esfuerzo que había puesto en toda esta aventura, había que ir afrontando la posibilidad de tener que volver a España. Tenía que tomar una decisión.
Admito que tras ser rechazado incluso en McDonalds, creció en mí un rencor claramente apreciable. Como ya dije en Facebook, me habría gustado llevar tacones para poder clavárselos con cada paso a esta maldita ciudad. Aquello fue antes de hablar con Chiqui. Pero hablar con alguien puede ayudar bastante, y ella me calmó y me hizo comprender que Londres no tiene la culpa de nada; es sólo un mal momento.
Así que estaba decidido. Me rendía; lo había intentado, pero mis planes no habían salido bien. Lo mejor sería disfrutar el tiempo que aún me quedaba. Por eso cuando el viernes me bajé en Waterloo para ver las vistas desde la otra orilla del Támesis al atardecer, Londres y yo hicimos las paces.
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Justo cuando llegué y me planté delante de aquella maravillosa vista, el Big Ben dio solemne sus campanadas mientras, muy lentamente, empezaba a iluminarse. Eran las cinco de la tarde, la hora del té, y allí mientras veía cómo iba cayendo la noche, cayeron también mis malos pensamientos.
La noche siguió de la mano de Matt. Este amigo londinense que Sergio me presentó en Sevilla hace ya tres años había vuelto por fin de su viaje por el mundo. Mi amigo me llevó, junto con la simpática Nataly, por algunas discos del Soho. Era mi primera cerveza en este viaje, la primera vez que salía con chicos de mi edad; era la primera vez que salía de fiesta. Y cuando a las tres y media de la mañana llegué a mi casa de Wood Green me sentí satisfecho de haberlo pasado tan bien. Aquello solo era el comienzo. Al día siguiente Chiqui me esperaba en su casa para pasar juntos el fin de semana, y solo tenéis que pulsar aquí para ver lo maravilloso que ha llegado a ser.
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Sunday Roast
Cuando vives en el Reino Unido el domingo es el día especial en que la familia se reúne en torno a la mesa para disfrutar del delicioso Sunday Roast; y yo he tenido ese privilegio.
Mi ya queridísima Chiqui (repito: sobrina de mi tío por parte de madre y como una prima hermana para mí desde estos días) en un intento más de que yo no me viniera abajo, me invitó a pasar con ella y su novio Robert el fin de semana. Así que el sábado yo caminaba hacia Olympia con mi pijama y neceser en una bolsa de LIDL. Mara (que así es como se llama realmente) y yo pasamos la tarde entre compras en el mercado y la cocina, mientras ella preparaba un gran pastel de chocolate para el día siguiente. Las horas pasaron mientras hablábamos de cientos de cosas acompañando la charla con un fabuloso gin tonic.
Los hermanos Hunt (su novio Robert y PJ) llegaron a la hora de la cena. Venían de celebrar la victoria de Inglaterra contra Italia en rugby. La comida fue simplemente deliciosa; allí, con luz tenue y música de fondo, los cuatro nos sentamos a la mesa para dejar que el inglés por fin fluyera y diera paso a una charla bastante entretenida, que me ayudó a tener las ideas algo más claras (y que podéis leer aquí).
Más tarde, y con los efectos del vino como quinto acompañante, nos abrigamos para echarnos a las calles de Londres, donde bebimos cócteles mientras jugábamos a 21. Fuimos los últimos en salir del sitio. Y por último, al llegar a casa, nada mejor que tu pijama, una taza de té caliente, y una de esas charlas que se tienen esas noches que has bebido estando sentado y en buena compañía. Hasta las tantas.
A la mañana siguiente, la resaca no es problema: no hay mejor remedio que un buen desayuno inglés. Salchichas, huevos revueltos, zumo, tostadas... Desde luego Chiqui se estaba ganando a pulso el afecto de mis padres.Y tras pasar la mañana de perruna total, iba llegando la hora de pensar en almorzar. En esta ocasión nos acompañaba Luke, amigo de Robert desde hace años. La ternera asada tenía una pinta tan tan tan buena como de verdad sabía. Las patatas y los Yorkshire puddings más verduras acompañaban este tremendo plano. Suerte que aún no estaba lleno, porque quedaban los postres: tortitas con sirope y helado de primero, tarta de chocolate de segundo. Amazing.

Y así, gracias a tan geniales anfitriones y después de este finde tan bien repuesto, vuelvo a tener energías para recorrerme de nuevo Londres, esta vez en busca de más diversión.
Empieza una nueva semana!
viernes, 22 de enero de 2010
La última puerta del fondo
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Y es que cada día cuando entro por la puerta de mi casa siempre me encuentro lo mismo: en el silencio y soledad que (aparentemente, espero) reina, el primer pasillo que conduce a la escalera, oscuro; la zona de la escalera, encendida; todas las puertas (la mía es la del fondo), cerradas. Me da la sensación siempre de que estoy entrando en un decorado de película, y siendo más específico, mi puerta, tan sola y reinante allá en lo alto de la escalera me recuerda a la puerta de la habitación de El exorcista.
Lo más duro de todo es que, igual que la pequeña Regan, conmigo también convive un ser. No, no es Satanás, aunque tiene el don de ser invisible (al menos a simple vista) y es silencioso cuando quiere. Habita dentro de las paredes. ¿Qué es?
Una rata!! Qué pensará mi familia cuando lea esto... Dónde creerán que vivo! Aunque llamo a la calma porque si el bichejo no posee también el don de traspasar las paredes, no creo que haya de qué preocuparse. Pero sí, anoche le dio por hacer ruiditos dentro de la pared y darse así a conocer.
Aquí os presento también mi cocina. Es amplia, como podéis ver, aunque como para no serlo, si hay cinco habitaciones en la casa!
Hoy tenía una cita con Chiqui, otra conocida más en Londres. No había caído en ella hasta hace unos días. La sobrina de mi tío por parte de madre lleva en la ciudad diez años, y también empezó de cero. Me ha invitado a comer (comer en condiciones, por fin de nuevo) junto al puente de la torre y hemos estado charlando mucho. Me ha corregido mis currículums, me los ha puesto monos y me ha imprimido un buen tocho. Desde luego algo así es de agradecer. Hemos quedado el domingo para ir a Notting Hill.
Y de regreso a casa he vuelto a pasar por el stand de promoción de Fairy que hay en el camino y donde te dan muestras del nuevo detergente. Yo ya tengo para nueve lavados! La negrita dirá que tengo más morro que ropa para lavar! pero qué le vamos a hacer! Hay que sobrevivir.
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