domingo 7 de febrero de 2010

Londres; o de cómo mi viaje cambió de aires

Termina una semana que ha sido clave en mi estancia en Londres. A pesar de las ganas y el esfuerzo que había puesto en toda esta aventura, había que ir afrontando la posibilidad de tener que volver a España. Tenía que tomar una decisión.

Admito que tras ser rechazado incluso en McDonalds, creció en mí un rencor claramente apreciable. Como ya dije en Facebook,
me habría gustado llevar tacones para poder clavárselos con cada paso a esta maldita ciudad. Aquello fue antes de hablar con Chiqui. Pero hablar con alguien puede ayudar bastante, y ella me calmó y me hizo comprender que Londres no tiene la culpa de nada; es sólo un mal momento.
Así que estaba decidido. Me rendía; lo había intentado, pero mis planes no habían salido bien. Lo mejor sería disfrutar el tiempo que aún me quedaba. Por eso cuando el viernes me bajé en Waterloo para ver las vistas desde la otra orilla del Támesis al atardecer, Londres y yo hicimos las paces.


Justo cuando llegué y me planté delante de aquella maravillosa vista, el Big Ben dio solemne sus campanadas mientras, muy lentamente, empezaba a iluminarse. Eran las cinco de la tarde, la hora del té, y allí mientras veía cómo iba cayendo la noche, cayeron también mis malos pensamientos.

La noche siguió de la mano de Matt. Este amigo londinense que Sergio me presentó en Sevilla hace ya tres años había vuelto por fin de su viaje por el mundo. Mi amigo me llevó, junto con la simpática Nataly, por algunas discos del Soho. Era mi primera cerveza en este viaje, la primera vez que salía con chicos de mi edad; era la primera vez que salía de fiesta. Y cuando a las tres y media de la mañana llegué a mi casa de Wood Green me sentí satisfecho de haberlo pasado tan bien. Aquello solo era el comienzo. Al día siguiente Chiqui me esperaba en su casa para pasar juntos el fin de semana, y solo tenéis que pulsar aquí para ver lo maravilloso que ha llegado a ser.


La función no ha terminado

Esta semana ha sido clave en mi viaje y en cómo tomarme las cosas. Al principio creí que Londres no me quería aquí. No podíamos seguir engañándonos (no por falta de ganas, sino de dinero); lo había probado, lo había intentado, pero Londres no me quería.
La respuesta inmediata en mi cabeza y desde algunos en España fue la misma: había sido una experiencia más, y si no había salido bien, pues a otra cosa. De todo se aprende. Eso está bien.

Pero ha sido al entregarme a Londres y su gente cuando he visto que no todo es blanco o negro. Vale, podíamos seguir siendo realistas: si no hay dinero, no hay dinero. Pero no tenía que tomarlo como una derrota. Londres va a estar aquí siempre (y no me refiero a dentro de unos años). Londres va a estar aquí este mismo septiembre. Y no tendré dinero ahora, pero tengo ganas y fuerzas para conseguirlo en unos meses.
Take it as a search travel, me dijo Robert. Quizá no hubiera tenido suerte viniendo a Londres con mil euros y esperando que todo fuera a salir bien. Pero como toma de contacto este viaje está siendo redondo. Me gustó el comentario de Adela en la publicación anterior:

oyeeeeeeeeeeee pues qué bien!!!! llevas 3 semanas allí y has aprendido a convivir con una rata vietnamita, has babeado en las aceras de gran parte de londres, y te han rechazado en el mc donald, muchas experiencias imprescindibles en muy poco tiempo, a mi me valdría!! que te quiten lo bailao!!!!!!!!

Fuera de bromas, he aprendido a patearme una ciudad tan ENORME (dios, porque Londres es enorme) como ésta de hotel en hotel / tienda en tienda / comida rápida en supermercado buscando trabajo. Cambiar mi currículum en ingles cien veces también debe haber ayudado. Os puedo nombrar todas y cada una de las líneas del metro y sus colores. He negociado el alquiler de una habitación por un mes, en vez de tres. Me he visto de copas con tres maravillosos londinenses, sin problemas con el idioma para sentirme uno más. He llevado para adelante el papeleo de desempleo como inmigrante en un país extranjero, incluyendo horas al teléfono (a pesar de muchos excuse me). Sin duda he aprendido mucho en estas cuatro semanas. No voy a esperar a saber qué conexión tendrá todo esto en el futuro. Si la suerte no me da la espalda, volveré en septiembre.

Y en cuanto a vosotros, espero que tengáis ganas de verme: Arviman está de vuelta el 18 de febrero.

Sunday Roast

Cuando vives en el Reino Unido el domingo es el día especial en que la familia se reúne en torno a la mesa para disfrutar del delicioso Sunday Roast; y yo he tenido ese privilegio.

Mi ya queridísima Chiqui (repito: sobrina de mi tío por parte de madre y como una prima hermana para mí desde estos días) en un intento más de que yo no me viniera abajo, me invitó a pasar con ella y su novio Robert el fin de semana. Así que el sábado yo caminaba hacia Olympia con mi pijama y neceser en una bolsa de LIDL. Mara (que así es como se llama realmente) y yo pasamos la tarde entre compras en el mercado y la cocina, mientras ella preparaba un gran pastel de chocolate para el día siguiente. Las horas pasaron mientras hablábamos de cientos de cosas acompañando la charla con un fabuloso gin tonic.
Los hermanos Hunt (su novio Robert y PJ) llegaron a la hora de la cena. Venían de celebrar la victoria de Inglaterra contra Italia en rugby. La comida fue simplemente deliciosa; allí, con luz tenue y música de fondo, los cuatro nos sentamos a la mesa para dejar que el inglés por fin fluyera y diera paso a una charla bastante entretenida, que me ayudó a tener las ideas algo más claras (y que podéis leer aquí).
Más tarde, y con los efectos del vino como quinto acompañante, nos abrigamos para echarnos a las calles de Londres, donde bebimos cócteles mientras jugábamos a 21. Fuimos los últimos en salir del sitio. Y por último, al llegar a casa, nada mejor que tu pijama, una taza de té caliente, y una de esas charlas que se tienen esas noches que has bebido estando sentado y en buena compañía. Hasta las tantas.
A la mañana siguiente, la resaca no es problema: no hay mejor remedio que un buen desayuno inglés. Salchichas, huevos revueltos, zumo, tostadas... Desde luego Chiqui se estaba ganando a pulso el afecto de mis padres.Y tras pasar la mañana de perruna total, iba llegando la hora de pensar en almorzar. En esta ocasión nos acompañaba Luke, amigo de Robert desde hace años. La ternera asada tenía una pinta tan tan tan buena como de verdad sabía. Las patatas y los Yorkshire puddings más verduras acompañaban este tremendo plano. Suerte que aún no estaba lleno, porque quedaban los postres: tortitas con sirope y helado de primero, tarta de chocolate de segundo. Amazing.



Y así, gracias a tan geniales anfitriones y después de este finde tan bien repuesto, vuelvo a tener energías para recorrerme de nuevo Londres, esta vez en busca de más diversión.

Empieza una nueva semana!

jueves 4 de febrero de 2010

Si la cosa no funciona...

No hay una manera bonita de decir esto, así que seré claro: me quedan 130 libras, mi móvil no suena desde hace días y los únicos emails que recibo por respuesta de ofertas de trabajo son del tipo no, pero gracias. Me han rechazado hasta en McDonalds. Supongo que no cumplí su test psicológico…

Así que no queda más remedio que plantearse la vuelta. Eso sí, esta ciudad va a acordarse de mí aunque me cueste las 130 libras que me quedan. Aún tengo dos semanas de alquiler y las pienso aprovechar.

Que se prepare Londres.

sábado 30 de enero de 2010

Oh, Dior mío!

Que una mañana de enero amanezca soleada en Londres es como encontrar una moneda de dos euros tirada en el suelo: eres tonto si no la coges. Así que cuando tendí toda mi ropa recién lavada cogí el metro dirección Knightsbridge, con la intención de conocer cómo eran verdaderamente los grandes almacenes de los que todos hablan cuando vienen a la capital inglesa: Harrods.


Siempre había entendido que Harrods son el equivalente británico de El Corte Ingles, cosa que ya he visto que no es verdad en absoluto. Cuando el portero con sombrero de copa me abrió las puertas me encontré con una sala repleta de firmas que se repartían los diferentes espacios: Dior, Versace, Gucci... La sección de los pasteles y dulces era cosa de otro mundo (donde reinaba sobre todas las demás lady Godiva) y entre la ropa de hombre y mujer se podían ver todo tipo de modelos de Ralph Lauren, Burberry, Dolce & Gabbana, Prada, Oscar de la Renta, Christian Lacroix o Channel. Pero no es el hecho de que estas grandes marcas estén presente, sino la exquisitez con lo que todo está colocado. Bueno, quizá ambas...

Cuando quedé satisfecho de tanto glamour volví a la realidad; había podido estar absorto como para no darme cuenta de que ya iba siendo más que hora de comer pero había un bocadillo de chacina de Mercadona que me esperaba en mis bolsillos. Así que busqué el siguiente punto en mi ruta, el cercano Hyde Park.



Allí, después de caminar entre los árboles por los senderos aún cubiertos de la nieve de esta noche, me senté en el primer banco que pude junto al lago. Seguí con el paseo una vez me hube acabado los bocatas y me encargué después de alimentar a otros seres que abundan por allí.





Y al final, conseguí la foto.


viernes 29 de enero de 2010

Y por fin, llamaron.

El día de hoy se presentaba tan monótono y desesperante como cualquier otro. El plan? Patearme Londres una vez más para ver cómo desconocidos se pasan mi currículum (cien veces reformado) por el forro deEn esas estaba, concretamente en un cine de Leicester Square (pensé: oye, no estaría mal poder ver pelis gratis en el curro) cuando, haciendo cola, oigo que suena un móvil. Era mi móvil, pero estoy tan poco acostumbrado a que suene que ni siquiera lo reconocía. Número privado. Opté por ser profesional: hello?

Era Michael, tenía mi currículum en mano, y me decía algo de que iban a abrir un no sé qué en Wood Green (mi zona). Me preguntaba cuándo era lo antes posible que podíamos quedar.

Doce paradas de metro más tarde, yo corría a casa a mirar en Google Maps qué puñetas había en el código postal que el tal Michael me había dado. Cuando en mi pantalla apareció una rotonda solitaria quise que me tragara la tierra. Mi única llamada de respuesta a cincuenta currículums en doscientos establecimientos de Londres y voy y no pillo el sitio??? Sería mejor ir haciendo la maleta (o cargando el arma).
Cuando me calmé, vi que esa rotonda estaba muy cerca del centro comercial y mi zona residencial. Esto no era de mucha ayuda dado que he podido dejar mi currículum en una decena de sitios ahí. Y luego pensé. Iban a abrir un no sé qué en Wood Green. No sería que lo acababan de abrir?? Lidl.

Allí me planté a las cuatro menos diez de la tarde. Había empezado a nevar fuera. Cuando me preguntaron si mi cita era la de las cuatro, respiré aliviado; finalmente iba a tener mi primera entrevista. Y no fue muy mal. Mi currículum estaba en la mesa con "tick" de aprobación marcado en fucsia. A Michael se le entendía perfectamente y aquello de que yo viviera tan cerca parece que le gustó bastante (no habría excusas de tráfico ni transporte público).
Hemos quedado en que me avisará cuando terminen con todas. Yo he vuelto a casa sonriendo y sin poder evitar hacerme ilusiones de cómo sería trabajar a tres minutos de casa en Lidl. Quién me lo iba a decir...

martes 26 de enero de 2010

Saint Paul - Soho

"Es para las comidas de las palomas!" decía Michael de la mano de su padre cuando iban camino del banco, quien se había determinado gastar sus dos peniques en comprar un paquete a la vieja de las palomas de la catedral.


(Pulsa aquí para ver el video)



Tantas veces vi ese edificio tan característico de Londres cuando me tragaba una y otra vez Mary Poppins de pequeño, y tantas veces lo he visto estos últimos años en los panfletos turísticos sin caer en la cuenta de que era el mismo (o probablemente habiéndolo ya olvidado). Pero quizás eso es lo más divertido: verme como yo me he visto hoy, debajo de la enorme catedral de Saint Paul y de pronto darme cuenta de que estaba en la escalera de la viejecita. Efectivamente también había indicaciones hacia el banco, pero hoy él no estaba en mi ruta.



Y con un día soleado, aunque con 2º de frío que me han dejado las manos algo estropeaditas, he hecho hoy mi recorrido por hoteles y albergues juveniles. En muchos me han dicho que están buscando gente, así que puede que haya esperanza. Yo a la hora de mi almuerzo me he plantado en Soho Square a meter en los bollitos del Tesco las lonchas de caña de lomo que llevaba preparaditas. Y así he almorzado en aquella plaza con las palomas rondando alrededor.

Y por cierto, sospecho que en esta casa no vivimos seis personas, sino tres. Y la rata, claro...